Debo reconocer que, a pesar de no ser un fiel seguidor, Taylor Swift es una genia del marketing. Podríamos decir entonces: marketing puro 🚬.
La semana pasada asistimos a su más reciente anuncio de un nuevo álbum, el número 12, en el podcast del jugador de fútbol americano Travis Kelce. No se trata de un nuevo álbum sino que con ello abre una nueva era de su vida y carrera musical.

El anuncio no vino solo, sino con una estrategia de marketing detrás. A las 12:12 horas del 12 de agosto subió a sus redes un carrousel de 12 fotos usando outfits de color naranja; cambió su foto de perfil con la portada de su nuevo disco; y, minutos después la cuenta regresiva salieron a la venta el CD, el vinilo y el casette del álbúm.



Más allá del anuncio en sí, las redes se encargaron de amplificarlo y, por supuesto, mis amigos más swifties no tardaron en recordármelo compartiendo en sus stories el video que Taylor compartió en sus redes. Sin embargo, lo más interesante es que incluso las marcas hicieron lo suyo sumándose al fenómeno, capitalizando la conversación en Instagram, Tik Tok, X, Threads y YouTube y convirtiendo el lanzamiento en algo compartido por todos.
Entre las estrategias que las marcas usaron para sumarse al fenómeno Taylor aparecen:






Lo interesante es cómo logra convertir cada lanzamiento en un fenómeno cultural. Cada era se convierte en un concepto global que trasciende lo musical y se instala en la conversación pública: desde tendencias en redes sociales hasta estrategias de comunicación que las marcas envidiarían.
En definitiva, guste o no su música, lo que Taylor hace con cada anuncio es una verdadera clase magistral de marketing contemporáneo. Y ahí está la magia: logra que hablemos de ella, que analicemos sus jugadas y que, aun sin ser fans, nos convirtamos en espectadores de sus estrategias.
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